viernes, 27 de febrero de 2015

SOBRE UNA REFLEXIÓN



“La persona amable es esa que, a cambio de nada, nos ofrece terrones de azúcar para que se diluyan dentro de nuestras ilusiones”


Hay gente que va dando terrones de azúcar,
del mismo modo que el aire regala una caricia
o que un puerto sonríe al barco que se acerca.
Hay gente así, mesando los cabellos de los otros
con los dedos hechos de sonrisa y fantasía.
Hay gente tan sensible y tan amable
que en vez de cortar flores, planta flores,
no en los jardines donde tantas nimban,
sino en el páramo triste de un infeliz retiro.
Hay gente que no mira lo que guarda dentro
porque más le place la lisura que ofrece:
una mirada, un guiño, un gesto, una sonrisa,
que, cual aves de presa, se posan en el alma
de quien guarda, en sus gajos, desencantos.
Hay gente que va dando terrones de azúcar
para endulzar el sinsabor de la melancolía,
donde el sol de la mañana sea sol en la mañana
y los anocheceres soplen besos tan límpidos
que, como azucarillos, convenzan a lo amargo.

martes, 24 de febrero de 2015

CAUTIVIDAD


Cautividad

Vivo en mí, sabedor de que me muero
y no muero sabiendo que en ti vivo,
mas, no besar tus labios sólo quiero
pues algo, sabes bien, llevas cautivo.

De ese placer jugoso no exonero
al ensalmo de un beso primitivo.
Quiero hurgar el sabor de ese misterio
que duerme en lujurioso monasterio.

viernes, 20 de febrero de 2015

COMPROMISO


Compromiso

En almas rotas pongo el pensamiento
de corazones en arpas que gimen,
mi voz está hecha de notas que rimen
con desdichas soñando aliviamiento.

Busco hacer de mi pluma el instrumento
que ofenda a la tristeza y ser el crimen
complaciente, desangrador del himen
de todo cuanto engendra sufrimiento.

Grita mi verso un llanto de emociones
que este corazón a otros corazones
cobija como a hostia la patena.

Loa mi pluma al alma dolorida
y lo mismo que al himno de la vida
va en su palabra un grito por la pena.

viernes, 30 de enero de 2015

Herida


Herida

Esta herida que me duele y duele no es mi herida,
aunque se confunda enamorada de mi cuerpo;
es el raro latir de un extraño a pecho abierto
en un dolor vaporoso que dolor destila.

Y no deja de sangrar, lo mismo que una fuente
surtidora de un agua teñida de corinto,
color que tornasola los tiempos infinitos
de ausencia que retoza bordada en aguafuerte.

Herido estoy, tú eres tal herida, tú eres eso
y esa tristeza que me regalas, enamora
la pluma del poeta que embebida transborda
del tintero al papel su mejor logrado verso.

Es ese suplicio, de tu amor, lo que me queda,
la franja de pasión que tras mis iris cintila,
el fuego ya apagado que sus destellos brillan
en la vítrea memoria que aún crepita ingenua.

Llaga que por ti es llaga y, por ti, no tiene cura,
pena que, por ti, es pena doliente que no amaina,
tristeza que mi cuerpo no quiere que se vaya
de un calvario que no ansía mitigarse nunca.

Mujer, sólo es herida
lo que de ti me queda.
Ya no estás... pues que duerma
en mi piel y en mí siga.