domingo, 22 de septiembre de 2013

LA SONRISA XIV









Comencé muy ilusionado con la afición por los gusanos de seda. Pero ha degenerado tanto mi inclinación que ahora me dedico exclusivamente a la cría de corbatas.




El pescado es el único alimento que cuando se pone en la sartén y se le pasa por aceite caliente, huele a pescado frito.



Una persona amable es aquella que reúne todas las características para ser amada. Vamos,  que se le puede hacer un favor.


-Camarero, ¡es usted un insolente! Le he pedido la cuenta y me la ha dado demasiado aprisa, sin esperar apenas a que ninguno de mis acompañantes  interviniese.


LA SONRISA XIII









Su cara me suena, señora. Debe ser el insoportable ruido que hacen, cuando sonríe, sus polvos de talco.


Estoy redactando un escrito para denunciar ante la policía del distrito al señor Koch. Su bacilo me ha mordido dos veces en lo que va de año y en ambas ocasiones he estado a punto de contraer la tuberculosis. ¡Que le ponga un bozal!



El apuntador teatral es un señor que se dedica a anotar a aquellos actores que lo hacen mal para que luego sean despedidos por el conducto reglamentario. Suele morir bastante en las tragedias de Shakespeare.


Dicen sus incondicionales que Shakespeare ha sido el mejor escritor de la historia, aunque para los suyos, Cervantes tampoco era manco.




LA SONRISA XII








Epitafio: Me morí. La prueba de tal certeza es que he tenido que dejar escrita esa escueta frase. Ya no estoy en condiciones de decírsela a usted ni a nadie de viva voz. Le ruego me dispense.


Un sacerdoce es un ministro de la Iglesia que vale por diez y le quedan dos en la suplencia por si se lesiona alguno.


Los hombres rana son unos individuos que les tienen una envidia enorme a los anfibios. Les imitan en casi todo y si no fuese porque el tubo de la respiración les resulta incómodo al atragantársele en sus campanillas, incluso croarían.


Hipotenusa: Persona que tiene el don de poseer sumadas las cualidades de todos los catetos al cuadrado que se le pongan delante. (Preferiblemente de dos en dos, para no abusar).



La muerte es una tipa que se pasa la vida asustando a la gente. Pero tiene la buena costumbre de, a la persona que asusta, dejarla tranquila para siempre.


LA SONRISA XI









En las cárceles está prohibida la lucha libre, al menos mientras los deportistas no se encuentren en situación de libertad vigilada.



Tengo un amigo a quien no le gusta nada dar propina en los restaurantes. Para no quedar mal, tras pagar la cuenta y antes de irse, se levanta y da un giro de trescientos sesenta grados. Luego dice al camarero: “Quédese con la vuelta”.  Y se va satisfecho.



Lo peor de llegar el último en una carrera de fondo es que se dispone de menos tiempo que el resto para descansar, subir al podio y recibir la medalla.



Siempre he sido un loco del esquí. Creo que a eso le llaman esquizofrenia.



Las palabras “atraque” y “atraco” son tan parecidas la una y la otra que consiguen tener el mismo significado. Apenas las diferencia el modo en que son utilizadas: “¡Esto es un atraco!” o “Perdón, caballero, disculpe usted que le atraque”.


LA SONRISA X









Me acuesto y el insomnio me obliga contar ovejas. Cuando ya he imaginado saltando unas trescientas y estoy a punto de quedar dormido, aparece de improviso y salta la valla una señorita en cueros que me desvela inmediatamente. Si veo que es bastante tarde ya, vuelvo a contar ovejas, si no, me paso la mitad de la noche corriendo mentalmente detrás de la chica, aunque nunca la pillo.



Los sietemesinos les llevan unos sesenta días de ventaja al resto de la humanidad. Suelen acabar la carrera antes, suelen triunfar antes y suelen morirse antes.



La melancolía es una enfermedad espiritual que, entre otras muchas consecuencias negativas, nos puede producir la caída del cabello. Aquellos caballeros que usan peluca son unos melancólicos en rebeldía. Los que se decantan por el bisoñé son melancólicos anónimos, ya que su alopecia, por incipiente, les hace pasar mejor disimulados ante esta circunstancia.


¡Qué mal se llevan el beso apasionado y la halitosis!



LA SONRISA IX








El indomable es la persona de carácter rebelde, muy poco inclinada a la obediencia. El indioamable es el “piel roja” que te arranca la cabellera, pero siempre con muchísimo respeto.


Conocí a un sacerdote tan aficionado a los toros, que cada domingo, al oficiar la misa, daba la espalda a sus feligreses y lanzaba el bonete al auditorio.


Las personas que están en cama con las chinas, siendo niños lo pasan mal. Pero cuando son adultos y se ven en esa situación, la cosa cambia y suelen entonces pasarlo estupendamente bien.



El jinete conduce la carrera del caballo. El cojinete es el individuo que se sienta al lado derecho del primero para irle indicando los perfiles del recorrido.


Estuve en una reunión de amigos y tuve la impresión de que habías muerto. Todo el mundo hablaba bien de ti.


LA SONRISA VIII









- El señor no está en casa -me dijo el mayordomo tras abrirme la puerta.
- Ya lo sé, Matías; es que vengo llegando.



La meaditación es el hecho de meterse de lleno en un pensamiento aprovechando la distensión que se experimenta cuando se hace pis.



Un campesino es un individuo que vive en el campo. Un capitalino es otro que vive en la ciudad. Un mediocampista es un señor que vive la mitad en un sitio y la mitad en otro, o viceversa.



La coliflor rebozada como más me gusta es el jamón serrano de bellota.



No me quito el sombrero para saludar a ninguna dama. Tengo la cabeza en forma de prepucio y me parece desconsiderado en mí ese gesto de cortesía.



Las personas miserincordiosas son aquellas que, aparte de comportarse como unas miserables, incordian una barbaridad.




LA SONRISA VII








Los marcianos vienen de Marte, pero al parecer no existen.  Los martinis existen, pero se sabe que no vienen de ese planeta. Los acólitos de estos últimos son denominados vermusianos. También están los murcianos, pero no tienen nada que ver directamente con Marte ni con el vermú.


El mal no está tan mal cuando se hace mal.


La guitarra dicen que se asemeja muchísimo a un cuerpo femenino. Yo la compararía con su espontaneidad: no tiene ni pies ni cabeza.



Los accesos de hipo son cortocircuitos del diafragma. Las personas hipotensas son las que se ponen nerviosas cuando lo sufren ellas.



Siempre que asisto a una representación teatral, aplaudo a modo individual en el pasaje más tranquilo de la obra. Es para, por si me olvido hacerlo al final, que los intérpretes no tengan la menor duda de que les ovacioné enfervorizadamente.



LA SONRISA VI








Pitoniso: Varón que adivina el porvenir de los cándidos y de los idiotas. Y que si quiere, que se toque el pito él, que a nosotros los incrédulos no nos interesa.


Tengo que aprender a leer despacio. Leí tan deprisa la novela “Lo que el viento se llevó” que cuando la terminé, aún el viento no se había llevado nada.



La palabra “fin” en las películas surte el mismo efecto que un alfiler pinchado en el culo de los asistentes.



Las personas golosas son aquellas a las que les encantan los sabores dulces. Las golusas, lo mismo; con la particularidad de haber nacido en Portugal.



Hay gente tan progresista que acomoda su dormitorio de tal forma que al amanecer, el sol le salga por la izquierda.





Las metralletas, al menos para mí, no son otra cosa que fusiles de exagerada tartamudez.

LA SONRISA V








El choque frontal de dos coches en la vía pública se denomina colisión. Cuando uno o los dos coches ha ingerido mayor cantidad de alcohol del permitido, entonces se trata de una alcoholisión.


Nunca bebo cerveza negra cuando tengo sed. Suele dejarme de luto la garganta.


Leí una vez un relato de dos duelistas a espada, que resultaron inmunes en el envite, aunque liquidaron, sin proponérselo, a varios testigos. Ambos contendientes eran ciegos.

Los liliputienses existen. Son muy cortos de estatura y visitan los prostíbulos con asiduidad.


Normalmente son militares los que izan la bandera. Los taxistas los que la bajan.



Pitonisa: Fémina que adivina el porvenir de los cándidos y de los idiotas. Y que nos toca el pito a nosotros los incrédulos.



LA SONRISA IV








Las personas que padecen acidiez son las que pagan las consecuencias de haber ingerido alimentos diez veces por encima de lo que necesita su organismo.


Una vez vi un póster con dos mujeres africanas mostrando el torso desnudo. Durante un tiempo estuve convencido de que se trataba del cartel de la película “Mamarias de África”.


La mentira no es nunca del todo mentira. Siempre tiene una parte de verdad, que es la que confirma precisamente que es mentira. Si dijese lo contrario de lo que digo, mentiría; por eso llego a esta consideración, que tampoco crean ustedes que está muy cercana a la verdad. x

Un solípedo no es, en contra de lo que se cree, un señor que expele ventosidades cuando se encuentra a solas.


Tratando de dar un toque de originalidad a una de mis conferencias, lo hice vestido con un pijama. El auditorio se me quedó dormido.




Creo que suele ser el director de las bandas de música el que paga las copas después del concierto. Por eso será que todos los componentes se sientan a interpretar haciendo un círculo estrecho en torno a él, seguramente para que no se les escape.


LA SONRISA III







No me parece de buena educación que alguien se levante de su asiento para saludar a una persona demasiado corta de estatura.


Tardé cinco años en escribir “El Quijote”. Luego, cuando quise editarlo, la editorial me informó que un individuo me lo había plagiado hace ya unos cuatro siglos.


   No conozco actitud tan acaparadora como la del flamenco. Es un cante, un baile, una lengua, un señor, un ave y hasta un equipo de fútbol brasileño. Si sigue así se queda con todo.


Perdone usted, señora, el codazo que le he dado en los riñones. Es que tiene usted un enorme parecido con mi esposa.


Una vez escribí una bellísima y sentida poesía sobre el sacacorchos. Quedé muy satisfecho y quise recompensarme con una copa de tinto. No pude hacerlo al no disponer de utensilio alguno con el que descorchar la botella.




LA SONRISA II




Hay veces en que la sal es dulce. Se le llama azúcar.


Las brújulas marcan casi siempre el Norte, pero yo tuve una que, en contra de lo natural, señalaba el Sur. Luego me enteré que se trataba de una brújula de izquierdas.


El hombre más sincero que pisa la faz de la Tierra es el que menos mentiras dice. Esto no quiere decir que no se eche alguna de cuando en cuando.


 La trigonometría es una parte de las matemáticas que trata del cálculo de los elementos de los triángulos planos y esféricos, nunca de los rectángulos, sean éstos planos, redondos o amorfos, salvo que los triángulos salgan cuadrados por defectos en los trazos de su diseño. Pero eso no suele suceder, salvo cuando ocurre.

A veces corro tan aprisa que hasta relincho. Otras voy tan cargado, que rebuzno.



LA SONRISA I








Una de tres, señorita obesa... o besa usted, o beso yo o besamos ambos



Su actitud, señorita, me conduce a una aventurada suposición que no deseo manifestar. Pero expresa usted un talante que la hace comportarse siempre como un perfecto caballero.


La televisión me resulta muy entretenida. Es admirable ver la cantidad de microchips y aparatitos que lleva dentro. Me encanta hacer puzzles con esas cosas.


Sí, ya sé que en este recinto está prohibido fumar. Pero yo, para no perjudicar a nadie,  me trago el humo.


Doctor, he venido a ser curado por usted. No me parece que lo que tengo es grave; así que si se confunde y me mata demasiado aprisa se quedará sin percibir sus estipendios.


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXXVI









El que se burla de cualquier defecto de otro, merece el castigo de que la humanidad conociese de improviso todas sus pequeñeces y miserias. 




Quien me ataque, diez zarpas verá por cada una de sus pezuñas. 



El voraz lector producía en el libro los efectos naturales del otoño, deshojando ávidamente una tras otra cada una de sus páginas.


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXXV










¡Qué hermoso campo de trigo, con sus espigas rectas movidas al viento, como si formasen una majestuosa legión de uniformes dorados! 




SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXXIV









Imposible es una palabra casquivana. En muchas ocasiones ha cambiado de parecer espontáneamente. 


El diminuto barco, con las velas desplegadas, desafiaba a la tormenta, cobijado en el interior de su botella de cristal. 



Nadie renuncia de buen grado a su atractivo, a su confort, a su fortuna. El hombre no parece estar diseñado para renunciar, hasta el punto que muchos parecen incapacitados para desistir siquiera de sus propias desgracias. 




SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXXIII








No se puede ser indiferente ante ningún suceso. Cuando ocurre, alguien está muy cerca de la envidia o de la crueldad.



El hombre en ocasiones se considera bueno y proyecta bondades que incumplirá luego. Igual que los áridos desiertos inventan gratos espejismos que se desvanecen cuando se está a punto de alcanzarlos.



Existen personas tan embriagadas en su afán de poder, que obtienen el castigo de llegar a ser poderosas.





SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXXII








La niebla baja de las montañas hasta los cálidos valles y, tanto les envuelve, que parece trasladarlos hasta las crestas de mayor altitud. ¡Ay, si así bajase tu corazón al mío!



Los líderes siempre han sido los grandes embaucadores de la historia, pero eso debe tener una causa. ¿No sucederá que las masas se sentirían huérfanas sin la participación directa de esos fulleros del poder y el pensamiento?



 No todos servimos para vagabundos. Para eso hay que carecer de algo que a muchos nos sobra y poseer un don que a muchos nos falta.



SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXXI









Las bombillas encendidas a pleno sol, son tan imperceptibles como las lágrimas entre la lluvia y han de esperar la llegada de la noche para que se repare y se crea en ellas.


 Lo paradójico del ser humano es la contraposición de su extraordinaria capacidad creativa y su gran disposición para destruir todo lo creado.


No cierres los ojos ante la miseria. Haz algo para que no puedas verla con los ojos abiertos.  


 

sábado, 21 de septiembre de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXX








La envidia es una hoja afilada que se suele llevar dispuesta en un bolsillo. Quien corta con ella puede hacer infinito daño sin que se advierta una gota de sangre.


Hay gente para la que incluso la miel puede resultar amarga. Son personas que, hasta las alegrías, las perciben experimentando una sensación de congoja.







SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXIX









Tal vez la exhortación de un viejo sea tan penetrante y acertada, no ya por la experiencia de este y su privilegiada perspectiva, sino porque ya no puede ni necesita hacer aquello que aconseja. 



Las banderas son unos pedazos de pintada tela que nos incitan a recelar de otras que tienen un color distinto de las nuestras.  


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXVIII








La persona que vocifera, con o sin razón, cuando la sangre se le enfría, pasa a tener la sensación de ser un cordero que todo lo teme y todo le persigue. Yo he sentido en mi espíritu las náuseas de haber vociferado.


 A veces se conversa con una persona, donde lo único que el otro hace es observar las preguntas, respuestas, afirmaciones y réplicas que a sí mismo propone el interlocutor. Así todo, siempre se aprende algo; por lo menos a afinar el don de la paciencia. 


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXVII









No necesito que un sacerdote me perdone los pecados. Si me arrepiento de ellos y reparo el hurto o el agravio, estoy capacitado para perdonármelos yo mismo.



 No hay muchas formas mejores para vencer el insomnio que intentar leer un libro que resulte incomprensible o aburrido. Una de dos: el autor o el lector tienen todo el mérito del abatimiento.



Dime alguna vez que no a algo. De ese modo podré convencerme de que al menos en una ocasión de las que has asentido lo has hecho por una razón ajena a la complacencia.


 

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXVI








El cuentakilómetros del ser humano tiene la exclusiva facultad para ser capaz de medir una velocidad de más de cien maldades por hora.


 ¡Qué porquería resultaría ser el dinero si no fuese por el inestimable valor que tiene!


Es algo que me parece realmente curioso: la Historia, primero se interpreta, se representa, y luego se escribe.

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXV







El poeta suele comparar unos hermosos dientes con aquilatadas perlas, pero nunca insinúa que pueden terminar convirtiéndose en un armazón de porcelana.


 Hasta en el lobo puedes tener confianza. Pero no intentes transmitirle esa sensación a tu rebaño.


 

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXIV








Hay pájaros que no poseen el don del canto, pero su impecable composición de colores equivale a una original melodía de la naturaleza.


 Miré a un ruiseñor posado en la rama de un árbol. Las verdes hojas, locas de alegría, parecían danzar al son de sus trinos.


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXIII








El pudor es un barniz que tapiza el rostro de todas las personas y que se enciende por una timidez que estas son incapaces de controlar.



La sencillez invita al noble a coger la azada de su vasallo y a compartir en la mesa los manjares de su mismo plato. Es, sin embargo, una invitación que la nobleza no acepta por razones de protocolo. 


Es bueno reposar del esfuerzo. Menos bueno es reposar del reposo.



SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXII









No hay nada que pueda resultar tan económico como la cortesía, y el hombre que la usa a menudo percibe en los demás constantes gestos de afecto y simpatía a bajísimo coste.


  
Sentar un precedente es abrir una vía, casi siempre innecesaria, por la que todo el mundo puede circular a su antojo.


 La generación que me sigue tiene el instinto de un sofisticado ordenador. La mía lo tiene en los ya rudimentarios efectos de una máquina de escribir.
 


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXI







La vejez, en el alma, es como el invierno en la naturaleza: en ambos se atisba el inicio feliz de una nueva primavera.


 La angustia, el dolor, y el tormento suelen ser los callados consejeros del suicidio.


Yo tengo el poder, tú tienes la razón. Es fácil admitir que tu razón me pertenece.

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXX








Nadie se muere por tradición, y sin embargo no deja de ser una costumbre bastante arraigada.


La caridad es un gesto bondadoso de la mano, siempre que experimente un sacrificio.


 La pleamar es anuncio del momento en que las olas se cansan del imposible arrojo por ganar a la tierra sus fronteras, y deciden retroceder poco a poco, a fin de recuperar fuerzas para intentarlo de nuevo.


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXIX








Es tan obligado rebelarte a la tiranía como a los impulsos egoístas que dominan tus comportamientos.



Quisiera posarme en tus labios y tomar aliento, reposar apenas y seguir mi andadura camino de tus senos.


 Cuando hablamos del “todo” siempre hay algún detalle que se nos escapa.
 


SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXVIII








La mirada puede sugerir mil cosas, aunque las hay que son, como los dueños de sus ojos, analfabetas. 


La dimensión del arte la regala el artista, pero siempre con el auxilio de la mirada atenta del observador de su magia.


 La mitología siempre tiene algo de cierto: justo aquello que nosotros nos hemos creído.


 

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXVII








Si consideramos la vida humana como una experiencia única e irrepetible ¿Qué razón tiene el gesto de cualquier heroicidad?



 La suave brisa es agradable y tiene su dulzura, pero, ¡cuidado!, igual no se advierte que puede ser una aprendiz de tormenta.


¡Qué gesto el del cristal de la ventana! Permite la entrada de los rayos del sol, del vapor plateado de la luna, pero se opone a la imponencia de un torbellino. 



SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXVI









El hombre no es, como se ha dicho, un animal político. Lo que sucede es que no ha podido encontrar la manera idónea de saber comportarse socialmente y no ha sabido nunca desprenderse de la piel de animal que lleva puesta. 



La democracia no es una alternativa del todo correcta, al menos mientras no se contemple la posibilidad de que todas las inteligencias deben tener el mismo beneficio.



 Me resultan amenos mis soliloquios, aunque estoy convencido de que aburrirían a la mayoría de la gente.


 

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXV








¡Qué difícil resulta ser valiente cuando se siente la perentoria necesidad de percibir todos los matices de la cobardía! 


La miseria está atada de manos a una columna y sus espaldas son fustigadas despiadadamente por el látigo hostil e implacable de la riqueza.


 El ansia es como un quiste molesto que no resulta fácil extirpar.