miércoles, 20 de agosto de 2014

EN LA PUPILA

 
En la pupila

Un punto rojo, diminuto, en la pupila
inadvertido estaba, cuánto tiempo hará
que de ella, empeñado, se ve que no se va
y a mi mirada condiciona y obnubila.

Me miro en el espejo, quiero y no lo veo,
está en el ojo, mas como si no estuviese,
cual si cada vez que lo busco se escondiese
en un lugar siempre distinto del que creo.

Y sé que está ahí, sin embargo, que se aloja
en los confines que transitan la retina.
Y sé qué es; cierta sutileza lo adivina
como un latir constante de semblanza roja.

En la pupila está y está desde el momento
en que tu corazón entró en mi pensamiento.

ENJAMBRE DE PENAS

 
Enjambre de penas

Como un injusto Edén que añil me castigase
a contemplarlo desde ahora cada día
en ese manantial de triste melodía
sin más propósito que no mutar su fase,
posáronse en mi espíritu no uno, sí mil cielos
cuando vi tu sonrisa con tu mano en la suya.
¿Por qué a mi enjambre de penas no lo dejas que huya
de los panales de ayer, que hoy son agrios pomelos?
¿Qué tiene, dime, amor, esa turba que acibarada ronda
hasta el gemido, prohibiendo a la tristeza que se esconda?

ESPALDA DESNUDA


Espalda desnuda

La desnudez en la espalda es un pecado
venial, albor de dulce complacencia
que a la mente convida a la estridencia
y a los dedos convierte en un arado.

Desnudez de la espalda en sinuoso
perfil que late como grata excusa
cuando la caída al suelo de la blusa
se lleva tras de sí el lastre pudoroso.

Casto desabrigo de afanes sugestivos,
pulcro recorrido apacible del reverso
que no muestra nunca pálpitos lascivos.

Espalda desnuda tras un pecho terso
que, anhelante y presto a los placeres vivos,
se ofrece a mis labios y con él converso.

ENSOÑACIÓN

             
   Ensoñación

Soñé ser un joven descrito en la faz de un cuento
trenzado de hojas y flores, casi susurradas
por el trino alegre del color y del momento
que el ensueño mostrase, en las fértiles nidadas
puestas a volar livianas en mi pensamiento.

El ambiente barroco, adorando el trazo lozano
observado por todos los aromas y pinturas
que la floresta vierte en puro y virginal rellano,
componía en mi epidermis olientes partituras
de entusiasmo, engalanadas por un placer lejano.

En la sombra luminosa que todo lo prendaba,
por la serena calma dada en cálidos verdores,
un árbol con dos trenzas alargadas me invitaba
al suave bamboleo en un trapecio de rubores,
de brisas coloreadas y aromas de guayaba.

Y acepté en el sueño el delicado balanceo
donde mi alma joven, leve en la arboleda
se iba y venía asido a un cálido recreo.
Seguí viajando por los vaivenes que eran seda
del aire, y en el rostro vidriado tintineo.

Luego, unos brazos vestidos de blancura y de pureza
ascendieron por los hombros en busca de mi cuello,
porfiados en un gesto de osadía y gentileza.
Se paró el columpio, cesó la brisa, y todo aquello
que pudiese enturbiar la admiración por su belleza.

De igual modo, así gravita tu paso sobre la ternura
que se contempla en la mirada y el aliento
de una ensoñada diosa con infantil figura.
La fantasía se va tras despertar, con ella el cuento,
y aparece tu presencia, con tu amor, con tu hermosura…