miércoles, 3 de septiembre de 2014

SALIR DEL CORAZÓN


Salir del corazón

Quiero salir del corazón y ver la vida
desde fuera de mi propio sentimiento,
curiosear mi anhelo en movimiento
y ver mi alma al aire, enardecida.

Quiero estar fuera de mí y poder verme
como un leve plumón que va indeciso
y obediente, asido al simple aviso
de esa levedad que le gobierna inerme.

Quiero ver fuera de mí la luz de mediodía
que en ese anfiteatro se me antoja
espectáculo sublime en que se aloja
un son más bello tras una misma melodía.

Estar fuera de mí y mirarme, sólo eso;
contemplarme para ver como contemplo
el volar de una paloma o el voraz ejemplo
matizado de los labios cuando llega un beso.

Y lo deseo ahora, que se abra ya la puerta
de este anhelo, hoy, pues otra fecha es vana
si no es la de este instante, no valdrá mañana,
pues no hay mañana que en ayer no se convierta.

Quiero salir de mí un instante sin demora,
mas no ayer ni mañana, solamente ahora.

Quiero volar de mí como un quedo suspiro
y ver del modo que me miras cuando no te miro.

ROSAS ROJAS



Rosas rojas

Rosas de terciopelo, rojas, de un rojo encendido
como el del fuego a punto de apagarse
tronar quisieron en tu alma con fragante latido,
donde cada pétalo quiso ser aromático vahído
que sugiere la llama tratando de incendiarse.

Rosas quise que fuesen y hurtaran tu aposento
calmado por el viento aturdido en lo silente,
durmiendo en la distancia su lánguido momento.
Rosas quise que olieses, aroma de mi aliento
perfumado de amor, ya puro y transparente.

Rosas quise enviarte a casa, vida mía,
por que mi amor abriese con ellas las estancias
donde aguardan amor y melodía,
albergues airosos tras cuidada celosía
combinados de matices y fragancias.

Rosas que dijesen, rojas, mi andar enamorado
con el fin de tatuar en la epidermis de tu esencia
invisibles élitros de un Eros extrañamente alado,
ese duende, hoy volador, que sereno ha reposado
sus vértigos de amor en mi elocuencia.

Rosas quise que llegasen hasta tu corazón y tu mirada
llevando por el aire el contenido sentimiento
que tímido se esconde tras mi ánima inflamada,
pero no pudo ser, no; aguarda, amada
a que acabe la noche, llegue el día y el momento.

ROBAR UN BESO



Robar un beso

Quiero poder alguna vez robarte un beso
y llevármelo dormido en la garganta
esperando a saber qué tiempo aguanta
la tuya en pedir que robe otro, sólo eso.

Quiero atreverme y ver lo que sucede
al ver brotar la siembra del descaro,
quiero opositar con los labios al reparo
que tu aturdida boca poner puede.

¿Sabes por qué, amor, tal beso quiero?
Porque de tu aliento me hallo sin noticias
y, al menos robado, ya será el primero.

Es el hurto que abre la tasca de delicias
atendida por el espirituoso cantinero
que sirve la pasión tras hurtos de caricias.

REGRESO


Regreso 
 
Conmigo los afanes que en Perseo
de Andrómeda desnuda enamorado
regresan, no se han ido, han estado
donde siempre en mí duerme tu recreo.

Te pienso y al pensarte saboreo
esa piel que con la ilusión invado;
ni ayer ni hoy, amor, quedó de lado
en mi mente ese dulce titileo.

Lo mismo que Perseo bajar quiero
al rompiente que aturde tus primores
ante ese mar que es tu carcelero.

Ando en retrotraer esos fervores
desde un confín tozudo y hechicero
a un lugar sin babores ni estribores.