martes, 14 de mayo de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO IV







En la oscuridad, cuando el sol se pone, con la ausencia de luz todo se esconde tras lo difuminado, los colores parecen haberse diluido. Hago una metáfora en la que, las flores han perdido su color como si fuesen personas que se quitan su ropa cotidiana para dormir. De tal modo que, con los primeros rayos de luz, el día siguiente las despierta y las invita a ponerse las mismas prendas de color que esparcen otra vez de vivos matices los entornos que van despertando de la noche.

La segunda reflexión, a través de un par de frases cercanas a la obviedad, busca líricamente concluir en que la dimensión del amor es tan grande y cala de forma tan determinante en el espíritu del ser humano, que nunca, precisamente por eso, puede dejar de experimentarse en él al menos un leve hálito de quebranto.

LIBRO Y MAR





lunes, 13 de mayo de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO III




 


En estas dos frases quiero seguir haciendo hincapié en algo ya hecho con anterioridad. Busco con palabras que intento sean precisas y equilibradas, enfatizar la pureza del amor, ese majestuoso sentimiento cantado por el ser humano desde los primeros albores de su consciencia. Contrasto con el amor manifestaciones que confundimos hasta llegar a considerarlas sinónimas, pero que, sin embargo, están a años luz de distancia del puro sentimiento. Llego a considerar al deseo como un pecado que está en mí por simple capricho de la Naturaleza y, son éste y la pasión, como dos actitudes que tratan de hacerse pasar por verdadero amor, aunque no están nunca exentos de una carga egoísta que no aspira a más que a satisfacerse.

domingo, 12 de mayo de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO II








El ser humano, cuando conoce las fuerzas de su espíritu, cuando controla esa fortaleza única, puesta solamente en él por la Naturaleza, es la realidad más admirable de la creación.

La nostalgia es el anhelo de algo grato vivido y recordado. Es bueno llevar esos recuerdos en la mente, ayudan a sonreír; pero no lo es tener siempre la mirada vuelta atrás y conformarse sólo con eso, sin tratar de sumergirse en nuevas situaciones que regalen cada día una nueva gota de felicidad.

Con esa tercera frase de este Susurro del duende nº II quiero expresar la idea de que, si no falseamos nuestro corazón, si somos espontáneos, es ese alma, ese espíritu que late en cada uno, el que dice sin palabras todo acerca de nuestra bondad y de nuestros defectos.