martes, 9 de septiembre de 2014

TREPADORA DEL AIRE



Trepadora del aire

Cada día que pasa, con tu aroma
recién despierto por la campanilla
que al oído conmueve y maravilla,
cual puntual cucú, tu genio asoma.

Tal como se irguiese una persiana
vencida por el diario alborecer,
allí donde el cristal llega a traer
a tu esencia el latir de la mañana.

Igual que esa luz que siempre ronda
gentil en el enorme cielo afable
trepidando ante el afán infatigable
por convertirla en primorosa blonda,

trepas por el aire hasta las nubes
buscando sutilezas de algodones
con las que logras bellos escalones
por las que me invitas y me subes.

Me pliego, admirado, a tu fantasía
y recorro de tu mano toda ella,
sorprendido hasta con alguna estrella
que pones a brillar en pleno día.

Es camino sin fin, donde no hay meta
para la genialidad, para el encanto…
me obnubila ese don, no sabes cuánto
tu magia me estimula a ser poeta.

TAN CERCA, TAN LEJOS


Tan cerca, tan lejos...

Adiviné tu boca; sólo en eso
se fueron mis anhelos a tus labios,
libando en tu mirar los ojos sabios
que saben del amor que te profeso.

Imaginé tu aliento, transitado
por seducido canto hecho deseo,
aleteé en un néctar del que reo
me siento en tu reclamo ensalivado.

Besé tu boca abierta al pensamiento
que invita la pasión a la impaciencia,
deambulé despierto en la inconsciencia
del placer sojuzgado al desaliento.

Después mis afanes latieron perplejos
viéndote tan cerca, viéndote tan lejos...

SOPLO



Soplo

Paseaste por mi acera tus andares elegantes
tupidos de primores, aromas y miradas,
lo perfumaste todo de bvlgarys fragantes
que sobre tu piel van en tres gotas posadas.

Yo, sentado en un borde, observaba la vida
con paso atolondrado, vestida de tibieza;
y el músculo cansado y ausente la cabeza
prohibían a la mente más puntos de partida.

Guardaba la metáfora de un cirio que, en la mano
apagado yacía, para siempre ya, indolente y vano
recreando la imagen de quien ya nada quiere ni ama.

Tú fuiste la suerte, reluciente perla
que paró un instante, y gentil, al verla,
dio un soplo en la vela y encendió la llama.



TAMBIÉN YO AMO


También yo amo

No por muy lejos que estés no estás más cerca,
ni por mucho que camines hacia el sol te veo más lejos.
No por tanto que enciendas el fulgor de mil reflejos
opacará otra luz prendida en mi que se te acerca.

No porque el lánguido suspiro dormido por tu aliento
sea lamparilla y bruma que endulzan mis anhelos,
el dulzor que invita bajado de mis cálidos desvelos
a posarse en tu alma de espejo, mando sobre el viento.

Cantan mil cascabeles dorados cuando te concibo,
cuando, al presagiarla, hiere la cándida estocada
de tu dulce pupila que punza las pasiones donde libo.

Bailan los violines en la noche, antes apagada
de música, de luz y de danza hasta tu arribo,
porque mi amor concluye en ti; más allá, nada.