domingo, 23 de febrero de 2014

¿DÓNDE LAS ALAS?








¿Dónde las alas?


¿Dónde guardas tus alas, dulce amante,
desabrochadas ya hace tiempo del envés
de tu figura, logrando que el después
no alcance nunca el pulso del instante?

¿Dónde duermen, ocultas, las cautelas
que sabiéndote radiante voladora
han borrado el ayer con el ahora,
y no vuelas pasión? ¿Por qué no vuelas?

Busca, amor, ese aleteo en que te pido
se extasíe el impudor que desatiende
al deseo paciente igual que enardecido.

Cuando añoro que vueles, sobreentiende
la erótica metáfora: aquel voraz latido,
ese batir de alas que me enciende.

miércoles, 12 de febrero de 2014

EL DESPERTADOR






El despertador


Me suelen dar las tres de la mañana
y la noche no llega con el sueño
que amortaje algunas horas mi desgana.

El tictac del reloj muestra su empeño
en dilatar un tanto esa llegada
por ser su traqueteo en la vigilia dueño.

Gozar parece con su voz precipitada,
incansable y latosa, majadera,
compartiendo la piel de mi almohada.

Mientras tanto, yo sigo, mi alma espera
que los ojos se duerman, que le acierte
a mi cuerpo cansado la muerte pasajera.

Pero la maquinaria a mi costa se divierte
sabedora de que no trataré de interceptarla,
pues luego ha de ser ella la que me despierte.

Sabe que no puedo convencerla ni pararla,
porque no tiene mi cabeza campanilla
que a las ocho del día sepa despertarla.

Mientras, el bostezo los cansancios trilla
sugiriendo algún que otro amable cabeceo
contra los que insiste la fiera en su mesilla.

No quiere, cada noche perfila ese deseo
el dichoso reloj que siempre me despierta,
que ponga mi descanso a expensas del oreo.

Enfurecido miro a un entornado ventanal
y al artilugio de latir soez e impertinente
que burlas simula con sus palos extendidos.

Lo capturo, y más que un reloj, un vendaval
viene a ser cruzando el hueco, velozmente,
por el que salieran otros muchos despedidos.

Luego, en muchísimo menos de un segundo.
mi cuerpo ronca acá y está en el otro mundo.


domingo, 26 de enero de 2014

AURORA Y OCASO







Aurora y ocaso

No es mejor el este que el oeste
ni sucede en absoluto lo contrario.
No es el uno sin el otro extraordinario
manantial de fantasía que se acueste
sin hablar de su milagro cotidiano,
verdadero, admirable, fiel, pagano…

De una faz a otra el pié del alma erra
en pos del milagroso gesto amaneciente
o tras el crepuscular despido de la fuente
de luz, aletargada tras la cresta de la sierra.
Yo ansío estar en ambos puntos cardinales
y oír el encender y el apagar de sus metales.

Anhelo ver enraizar el día cada día
con su primer rayo de color entibiecido,
tras su primer tinte de brillo al que le pido
tapice como al suelo mi lánguida armonía.
Que guarnezca esa calma durmiente sobre el pecho
y mis ojos se toquen del sol recientemente hecho.

Allá llevo la vista gestando la orillas
del principio de todo, del extenso
paisaje pintado en lechos de incienso
con tonalidades pardas, ocres, amarillas…
Allá el día nace ilusionado y en mi subconsciente
bulle un don de fantasía, susurro del oriente.

Mas, rompe la tarde el ocaso taciturno
que va cerrando poco a poco el cortinaje
por el que se pierde el sol, al abordaje
de un cielo que ya afina su cántico nocturno.
Y otro color asoma, apagado, calmo y suave lila
que entre estrellas y luna prendido, letargos destila.

Es la voz silenciosa del augurio dormido en la noche
que de amplias sombras encandila la mirada.
Es el gesto que ni da ni tampoco quita nada
a la rutina. Sólo es mano que abroche y desabroche
la inmutable cotidianidad grave y eterna
que como el día hace con ella, igual le hiberna.

Y la bóveda oscura se prende en fogatas distantes
que chispas de agua de plata, infinitas, semejan.
Gotas diminutas de cristal encendido que dejan
al cielo elegir por ellas sus guiños brillantes.
Y la luna, solista de tan pura y soberbia sinfonía
cantará su luz, colgada de aquel, hasta el nuevo día.


domingo, 19 de enero de 2014

POESÍA







Poesía


Dijo el poeta una vez esta certeza:
La poesía se escribe cuando ella quiere.
Y es ella la que manda, la que infiere
en el corazón, en el alma, en la cabeza...
Va más allá del simple pensamiento,
cruza los páramos de todo desconsuelo,
boga el mar que sonríe al portezuelo,
surca el aire que exhala el desaliento,
anda por las veredas que van a la aflicción,
merodea en el jardín sembrado en fantasías,
divaga entre las flores cantando flecherías
de aromas que edulcoran cielo y corazón...
No busco, juglar, el desdén a tu grácil sinfonía,
no pretendo, artista, poner en duda tu estandarte,
pero no habría un creador de no existir el arte,
ni un sólo poeta habrá cuando no haya poesía.