martes, 9 de septiembre de 2014

SUEÑO



Sueño

Anoche, vencida por el sueño, descuidada
de todo cuanto mides con la mente despierta,
la puerta de tu alma dormida quedó abierta
dejando que la mía volase a tu almohada.

Soñaste que tu amante posaba en tu regazo
un lúcido vahído, un soplo esplendoroso
que inundase el recinto de sueño vaporoso
con un casto beso y un sereno abrazo.

Bello es el sueño, amor, aún siendo un sueño,
que no es tan poco percibir apenas eso
cuando acechan la esperanza y el empeño.

Que ensoñado por mí tu pecho queda ileso
sólo hasta el mañana que perfila el diseño
del anhelado abrazo y del ardiente beso.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

SOPLO DE UN BESO



Soplo de un beso

Como un áspid con cabeza de organdí
y colmillos venenosos de caricias
vertiste, caudalosa, las delicias
de una espesa savia al morder en mi.

Viniste a mi mundo tal cual llega la aurora
rompiendo el cristal ennegrecido
de la noche. Fuiste tú gesto encendido
que al alma gris de intenso azul decora.

Bajo el cielo caliente de un verano
en ademán aupado al pensamiento
alumbraste un beso soplado por tu mano.

Yo lo pillé al vuelo, lo cogí al momento,
y su embrujo inflamado, plácido y lejano
con grato perfume me trajo tu aliento.

SI TE HABLO



Si te hablo y no me oyes

Si te hablo y no me oyes, sé
lo poco que mi amor llega
al alma que estando ciega
por no mirar, no me ve.
Pero, aunque sordo, tu oído
ha de admitir mi palabra
si labro un abracadabra
que ponga en mi voz más ruido.
Busco con esto decirte
que bien que me atiendas quiero,
para que escuches, primero,
por después poder oírte.
Pues el alma que mancilla
al amor que la agasaja
es parecida a una alhaja
que no sonríe, no brilla...
¿Qué te cuesta vida mía
regalarme la atención
que una vez mi corazón
mil veces te pediría?
¿Es que no has pensado en cuando
mi voz calle eternamente,
este corazón ausente
te seguirá siempre hablando...?

SENOS



Senos

Y van tus pechos suaves bajo tu camisa
que el amamantamiento sugiere.
Cada pecho es un pecado que no quiere
ni un leve quebranto, tu gesto lo avisa.
La tela plegada con cuatro botones
que pretenden ser una fortaleza
parece de acero y al deseo despieza
en mil apetencias de mil enjambrazones.
Así caminas por doquier sembrando la pasión y la locura.
¡Cómo envidio a aquél que logre convencer a tu botonadura!