viernes, 4 de abril de 2014

BANDOLÍN.







Bandolín 

Un lejano bandolín suena en mi mente
confuso entre notas, silbos y rumores
que lo adornan de una queja diferente.
Su música me agasaja entre vapores
cálidos, viajeros a través de un puente

que lleva y trae al extraño caminante
con la mochila colmada en melodías
tras el cierto esbozo del lejano amante,
que percibe entre las notas cetrerías
de halcón del deseo sin amo ni guante.

Resoplan los tañidos flotando en la añoranza
de la mano blanca que musita vagos sones
al borde de una pira prendida en lontananza.
Son voces de canto hilado con proposiciones
de magia, ilusión y celo que mi oído alcanza.

Los ojos se me cierran por ver la faz divina
que de tan remoto viene y el rasguear retrata
salvando la distancia que todo difumina.
Y se posa en mi anhelo la dulce imagen, grata,
de la más deseable elegancia venusina.

Que anden las semanas dormidas en pulcros tequieros
extasiados detrás de susurrantes calideces
que estremecer ansían el sonoro ímpetu de Eros;
sea la palabra amor salmodiada tantas veces
como fulgen en la noche faroles y luceros.

Casta ternura posada en la rama de un confín
del tiempo casi dormido, mas presto a despertar
a la incontestable llamada del regio clarín.
Que cuando nos cite, estemos listos para danzar
oyendo la queja lejana de aquel bandolín.




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