sábado, 2 de noviembre de 2013

LA MIRADA Y EL DESEO








La mirada y el deseo





No parece ser el silencio divertido,

pero engaña. Es ameno y elocuente,

muestra el gesto de un vigor enternecido

sin seña y sin palabra, gestual puente.



Pero ha de saberse que si impera

con voces inaudibles y precisas

su conducta trenzada y carcelera,

se auguran cantos y olfatean brisas.



¡Cuántas frases bellas entonan los ojos

cuando los labios, cautos, nada dicen!

Letrillas susurrantes que buscan desalojos

en las ansias antes de que cautericen.



Díjelas en silencio, con la mirada

puesta en la suya; mostré el imperio

de mi anhelo y advertí su espada

con hoja sigilosa y filo de misterio.



Balbuceé amor, lujuria, afán,

entretejiendo mil olientes retahílas

de néctares pensados que se van

volando ansiosos en pos de las pupilas.



Y el ansia sometida al hábil verbo

rindió presto sus pudores femeniles.

Vuelvo a entrar en los ojos, donde observo

que ahora queman como férvidos candiles.



Ya no sólo me atiende, me contesta

la mirada febril, ardiente me sugiere

que la ropa toda que llevamos puesta

donde aligerarse, a escondidas, quiere.



                                                                 

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