sábado, 9 de noviembre de 2013

SONRISA INFANTIL








Sonrisa infantil



Los encantos sedeños que florecen
cada día en su epidermis timorata
reflejando la pureza de su estampa,
en clamores admirados se convierten.

Largueza de un año, o de dos, que juega
a la vida, pero a la vida inmaculada,
esa en que la joven infancia se retrata
con enfoques de virtud, fotos de seda.

La cara de dos años regala la sonrisa
carente de reverso. Es la faz del querube,
es el cuerpo femenino sin las ubres
propuestas al ordeño de afanes y ceniza.

Es el retrato del lugar donde frecuenta
pasear la ignífera verdad en que gravita
el don de esa inocencia que se olvida
de abrirle a la razón ninguna puerta.

Infancia de la infancia, simple asalto
de lo opuesto a cuanto luego se perpetre.
Inocencia despierta, adormecido vientre
que olvidará poco a poco su remanso.

Es la virginidad del laxo pensamiento
que en sueños ignora al llanto o la sonrisa,
dos únicas certezas que aún así palpitan
larvadas en otras prendidas en inviernos.

La mejor cara de la bondad de la belleza
vive en la sonrisa de un niño balbuceante,
ese gesto infantil, apacible, que más tarde
la vida hará de él y su destino, presa.

Tan suave se advierte el arrebol de esta criatura
y es tan apresurada y frustrante su mudanza,
que Natura, sin admitir, por eso, que fracasa
en su orden infalible, al menos parece que lo duda.



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