viernes, 20 de septiembre de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLII








No hay nada que tan obstinado vuelva a un hombre como su propio interés.


La roca del acantilado espera impasible los embates del mar. ¿No será el hombre también acantilado cuando aguanta los embates de la vida con la pétrea fuerza de que le viste el dolor soportado?


 El desamor se identifica con mi mar que cada día se aleja más de tu orilla, por mucho que esta se esfuerce en no quedar árida, como la arena de un desierto.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario