sábado, 21 de septiembre de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CLXXVIII








La persona que vocifera, con o sin razón, cuando la sangre se le enfría, pasa a tener la sensación de ser un cordero que todo lo teme y todo le persigue. Yo he sentido en mi espíritu las náuseas de haber vociferado.


 A veces se conversa con una persona, donde lo único que el otro hace es observar las preguntas, respuestas, afirmaciones y réplicas que a sí mismo propone el interlocutor. Así todo, siempre se aprende algo; por lo menos a afinar el don de la paciencia. 


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