martes, 17 de septiembre de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CXXIV









Llega el amanecer cuando el sol importuna a la noche con soplos de luz que la obligan, molesta, a ausentarse.


Todos los hombres deseamos que al morir nos despertemos inmersos en otra vida, eterna. Pero eso sí, que no sea parecida a esta, sino con mucho, mejor. Es que si no fuese así no valdría la pena morirse.


Pocas cosas resultan imposibles y precisamente por ser tan pocas, ¿quién está en condiciones de garantizar que alguna vez no puedan ser superadas?



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