jueves, 19 de septiembre de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO CXXVI








Si hubiese sido constante tal vez me hubiese convertido en el paradigma del aburrimiento.



Por muy loable que sea la clemencia, esconde en muchas ocasiones un gesto arrogante de poder y de fuerza.


 La ciencia es una mano tendida al conocimiento. Cuando acepta ese gesto generoso, el hombre comienza a experimentar el don extraordinario de ser hombre.



Las únicas revoluciones que no detesto son las revoluciones por minuto que son los latidos del corazón de los motores. Las demás, a pesar de ciertas influencias positivas, han concluido en muchas de las consecuencias miserables y sangrientas engendradas por el pensamiento humano. 



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