El silencio puede llegar a ser benefactor. Sobre todo cuando uno calla
cosas que luego se arrepentiría toda la vida de haberlas dicho.
Si los hombres deseásemos ser del todo sinceros, la mentira tendría que
retirarse a reflexionar tras los muros de un convento.
No hay silencio más intenso que el de una conversación profunda
sostenida con las pupilas y los gestos.
La sospecha tiene la rara habilidad de saber dejar en ridículo muchas
veces a nuestro pensamiento.
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