Nuestros cuerpos desnudos se funden desesperadamente, ávidos por darlo y recibirlo todo, hasta plegarse por fin en un instante infinito. El amor vendrá luego, cuando del mismo modo se plieguen nuestras almas.
El humo se eleva buscando al viento; con él se va y con él se confunde. Huye del fuego que todo lo devora y no quiere ser cómplice de éste.
A quien hago daño sin pretenderlo, que me perdone. A quien se lo hago a posta, que me compadezca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario