jueves, 12 de septiembre de 2013

SUSURROS DEL DUENDE. NÚMERO XCVII










Nuestros cuerpos desnudos se funden desesperadamente,  ávidos por darlo y recibirlo todo, hasta plegarse por fin en un instante infinito. El amor vendrá luego, cuando del mismo modo se plieguen nuestras almas.



El humo se eleva buscando al viento; con él se va y con él se confunde. Huye del fuego que todo lo devora y no quiere ser cómplice de éste.



A quien hago daño sin pretenderlo, que me perdone. A quien se lo hago a posta, que me compadezca.




No hay comentarios:

Publicar un comentario